La invasión rusa de Ucrania está teniendo consecuencias humanas catastróficas, con miles de víctimas y millones de personas huyendo del país. Pero también tiene un impacto negativo en el clima, comprometiendo los esfuerzos para cumplir con el Acuerdo de París.

Sanciones rusas

Históricamente, Europa depende mucho de Rusia para sus necesidades energéticas. El gas natural representa unos 20% de su mix energético (las diferentes fuentes de energía usadas para crear electricidad) y en el 2021, unos 40% de todo el gas natural importado por Europa venía de Rusia.

Cuando Rusia invadió Ucrania, la Unión Europea impuso sanciones económicas al país como represalia, particularmente en sus bancos, impidiendo los flujos financieros. Mientras seguía la guerra, las sanciones se hicieron más estrictas, muchas exportaciones a Rusia fueron prohibidas y varios países empezaron a boicotear el petróleo y el gas ruso.

Hoy, Estados Unidos ha prohibido todas las importaciones de estos productos viniendo de Rusia, y el Reino Unido ha anunciado que va a parar de comprarlos hasta el fin de 2022. La UE en sí no puede tomar una posición tan firme, pero varios de sus países miembros, incluso Estonia, Lituania y Letonia, han parado de comprar combustibles fósiles de Rusia.

Subsidios para combustibles

Este deseo de cortar los vínculos energéticos con Rusia ha creado disrupción en el mercado global de combustibles fósiles, impulsando un aumento importante en el precio de la gasolina y de la electricidad. Esto ha generado un descontento generalizado, miedos de pobreza energética y huelgas de transportistas. Para remediar esta situación, varios gobiernos prometen una reducción de los impuestos en los combustibles, revirtiendo la tendencia reciente de aumento de los impuestos para disuadir su compra.

Aun en California, un estado americano conocido por su compromiso por la acción climática, el gobernador ha propuesto una prima de US$400 por coche para dar alivio a los residentes.

El retorno del carbón

Para compensar el suministro perdido de petróleo y gas y absorber el aumento de los precios, muchos países están trayendo de vuelta una fuente de energía barata pero altamente contaminante: el carbón. El consumo de carbón en Europa bajó mucho en recientes años, y en la COP26 de octubre de 2021, muchos países pidieron una prohibición total de producción de carbón. Pero ahora, los planes de cerrar unidades de producción de carbón se han parado y la baja de su consumo se ha ralentizado: de una caída de 29% entre 2017 y 2019, pasó a sólo 3% entre 2019 y 2021.

Esto debe desacelerar la descarbonización de Europa en el corto plazo, aunque en el largo plazo, la Unión Europea quiere enfocarse más en el desarrollo de las energías renovables para llegar más cerca de la autosuficiencia energética.

Deforestación de la Amazonia 

Otro efecto menos conocido de la crisis en Ucrania es la amenaza de más deforestación en Amazonia. El presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, es un gran partidario del desarrollo económico en la región – denegando preocupaciones ambientales y derechos indígenas – y ahora está usando la guerra rusa como argumento por más extracción en la floresta Amazónica.

La industria agrícola brasileña depende mucho de las importaciones de fertilizantes, y la mayoría de estas vienen de Rusia. Cuando la guerra empezó, Bolsonaro identificó una “oportunidad” para que Brasil se volviera menos dependiente de Rusia, desarrollando su propia producción de fertilizante – lo que supone desarrollar la minería de potasio en la Amazonia.

Aunque los líderes indígenas han notado que solo 11% de las reservas de potasio se encuentran en tierras indígenas, las palabras del presidente han apoyado la aceleración de la deforestación – legal e ilegal. Esta tendencia lleva a muchos expertos a alertar del próximo “punto de inflexión” de la Amazonia, cuando grandes partes de la floresta se convertirán en sabana, cambiando el clima y soltando miles de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Aunque que las consecuencias sociales y económicas a corto plazo de la guerra Ucrania-Rusia son indiscutibles, los líderes globales no deben perder de vista el panorama completo: el cambio climático permanece la mayor amenaza para la vida humana en este planeta, y nuestra oportunidad de acción ya está cerca de acabar.